Cuando todos, como espectadores, nos entregamos a la genialidad de directores muy específicos en el cine que hacen, como Scorsese o Nolan, no siempre destacamos a artistas consistentes como el dúo de Phil Lord y Christopher Miller, cuyo verdadero género cinematográfico parece ser la innovación. Da lo mismo si trabajan en animación, comedia o ciencia ficción; o si son directores o productores ejecutivos. Ambos llevan décadas, de hecho desde principios de este siglo, participando o liderando en televisión y cine, convirtiendo ideas que, sobre el papel, parecen imposibles en algunas de las propuestas más creativas del cine comercial reciente. Luego de años produciendo series como “How I Met Your Mother”, se lanzaron al cine de animación con “Cloudy with a Chance of Meatballs”, reinventaron una adaptación televisiva con “21 Jump Street” transformaron unos simples bloques de plástico en la extraordinaria “The LEGO Movie” y simplemente revolucionaron la animación como productores de la increíble saga “Spider-Verse”. Ese camino creativo encuentra una nueva demostración en “Project Hail Mary”, que confirma que esa capacidad para encontrar humanidad en las ideas más extravagantes sigue intacta.
Basada en la novela de Andy Weir, autor de “The Martian” (llevada al cine por Ridley Scott), Project Hail Mary comparte con aquella obra el gusto por la ciencia rigurosa, el ingenio y un protagonista obligado a resolver problemas aparentemente imposibles. Drew Goddard, quien ya había adaptado “The Martian” y comenzó escribiendo episodios para la legendaria serie “Buffy, la Cazavampiros”, vuelve a demostrar que entiende perfectamente el tono del escritor, construyendo una historia donde las explicaciones científicas nunca desplazan la emoción.
Ryan Gosling interpreta a Ryland Grace, un profesor de ciencias que despierta solo a bordo de una nave flotando en el espacio, sin recordar quién es ni cómo llegó allí. Mientras reconstruye su memoria, descubre que forma parte de una misión desesperada cuyo éxito podría significar la supervivencia de la humanidad. La película desarrolla este misterio con inteligencia, alternando el presente con recuerdos que van revelando las piezas del rompecabezas hasta desembocar naturalmente en cumplir la misión principal.
Siendo el profesional que siempre ha sido, Gosling sostiene el metraje con calidez, humor y vulnerabilidad, mientras la alemana Sandra Hüller, una excelente elección de los directores, aporta autoridad y una frialdad calculada que funciona perfectamente.
Pero bueno, el verdadero triunfo de la película es Rocky. Después de años demostrando en la animación que saben dotar de personalidad a cualquier personaje imaginable, Lord y Miller consiguen que una criatura completamente ajena a la experiencia humana termine siendo el corazón emocional del relato. No es solo un logro técnico; es una demostración de que entienden cómo construir empatía más allá de la apariencia física.
“Project Hail Mary” es una excelente muestra que el espectáculo no depende únicamente de los efectos visuales. La fotografía de Greig Fraser convierte la inmensidad del espacio en un lugar tan fascinante como intimidante, evocando la majestuosidad espacial de “2001” y el sentido de aventura de “Star Wars”; el diseño de producción de la Hail Mary la hace ver funcional y creíble, dándole propósito dentro de la historia. La integración entre efectos prácticos y digitales resulta tan fluida que, sencillamente, deja de importar cual es cual.
En tiempos donde la ciencia ficción suele apoyarse en futuros sombríos y héroes atormentados, la cinta apuesta por el optimismo. Y, francamente, ese optimismo resulta refrescante, sobre todo cuando pareciera que algunos líderes mundiales reales se comportan más como villanos de ficción que como estadistas.
Phil Lord y Christopher Miller nos recuerdan que historias luminosas también son parte de la resistencia, construyendo una aventura que celebra la curiosidad, el conocimiento y la colaboración como herramientas para enfrentar la incertidumbre. La ciencia aquí nunca desplaza a los personajes, sino que los acerca entre ellos, recordándonos que los mayores descubrimientos no siempre ocurren en un laboratorio o a millones de kilómetros de la Tierra, sino cuando aprendemos a comprender a quien parece completamente diferente a nosotros. Es una película inteligente, emocionante y profundamente humana, una combinación que el cine comercial consigue con menos frecuencia de la que debería. Disponible en salas.







