Por Raúl A. Pinto
Atrevida desde las comillas que pone en el título, “Wuthering Heights”, es la nueva cinta de Emerald Fennell, quien también escribe esta adaptación de la única novela de Emily Brontë publicada en 1847. Estrenada esta semana, la película llega precedida por altas expectativas, polémica y reacciones divididas por parte de la prensa especializada. Al frente del elenco están Margot Robbie como Catherine “Cathy” Earnshaw y Jacob Elordi como Heathcliff, muy bien acompañados por Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes y Ewan Mitchell en papeles secundarios.

Si no la conocen, la historia se ambienta en la Inglaterra del siglo XVIII, arrancando en la cinta con una ejecución pública, marcando de inmediato el tono de exceso que se quiere dar. Conocemos al señor Earnshaw, patrón de fundo alcohólico y adicto a las apuestas, quien regresa a su mansión gótica en los páramos de Yorkshire con un niño rescatado de las calles de Liverpool, a quien entrega a Cathy como si este fuera cachorro. Ella lo nombra Heathcliff y desde entonces ambos se unen con una lealtad marcada a fuego. Años después, la propiedad está en decadencia y la ya crecida Cathy ve en el adinerado Edgar Linton una vía de escape social, aun cuando Heathcliff parece ser su verdadero amor. Se vienen entonces malentendidos, frases medio escuchadas detrás de una puerta y un orgullo herido que termina separando a los amantes. Él vuelve un lustro después, con fortuna en los bolsillos y amargura en el alma, compra la finca Linton y, como buen resentido, desata una cadena de celos, matrimonios por despecho, puertas cerradas y enfermedades. Muchos personajes de la novela son eliminados en pos de centrarse en la obsesión mutua de los protagonistas, aunque esto le quita fuerza a la sociedad pacata que en la historia original corona y realza el dolor real pero evitable de ambos.

Margot Robbie, genial como Barbie y Tonya Harding, asume a Cathy como Vivian Leigh lo hizo con Scarlett O’Hara, caprichosa, arrogante y consumida por un deseo que ni ella sabe domesticar, evidentemente agobiada por el ambiente donde nació, pero alimentándose de todo para ser la peor entre los peores. Por el contrario, el flamante nominado al Oscar Jacob Elordi, encarna a un Heathcliff menos descontrolado de lo esperado, cuando en la historia original él es un gitano, un extranjero impulsivo y apasionado. Especialmente tras su retorno, Elordi actúa frío y calculador, en un pasado invisible que parece haberlo destruido más de lo que Cathy lo hizo.

Fennell hace un verdadero festín en lo visual. Desde la increíble fotografía de la costa inglesa, con el barro y la humedad incómodos, hasta la casa oscura y lúgubre, con espacios que recuerdan el deseo reprimido de “La Casa de Bernarda Alba” de Lorca. Los vestuarios, tan criticados en el trailer, combinan ecos anacrónicos y modernos sin problema. Lo mismo con la música, que tiene una partitura muy de época (gentileza de Anthony Willis) y canciones de Charli XCX, creado cierta irreverencia que recuerdan lo subversiva que fue la novela en su tiempo.

Es por ello que no creo que esta adaptación esté tan mal. Soy fan de la Brontë, y otras autoras como la inefable Daphne Du Maurier e incluso escritoras del siglo XX como Pearl S. Buck y Edna Ferber, que amarraban sus historias a la tierra donde vivían como identidad cultural. Y las nombro porque las considero también influencias importantes en Iberoamérica, desde el realismo mágico hasta las telenovelas. Fennell ya hizo “Promising Young Woman” y “Saltburn”, dos películas que no dejaron indiferente a nadie, pero que no son malas ni mal hechas; al contrario, en medio de la elegancia, la sofisticación y el buen gusto con el que seguramente la directora creció, ella también devela rincones oscuros y sádicos de la clase alta inglesa que terminó marcando a Occidente.

Sus películas “molestan” porque muestran villanos reales que nos recuerdan a políticos y billonarios desconectados de la vida “real” y de la gente de a pie. En un mundo marcado por tragedias masivas, Cathy y Heathcliff son dos niños con plata llorando por tonterías pero, aunque nos irrite, historias como estas imitan la vida en todas las escalas. Disponible en salas.

La nueva cinta animada “GOAT” (que significa “cabra” o “chivo”, pero también es acrónimo de “greatest of all time” / ”lo más grande de todos los tiempos”) viene cargada de talento y hecha para ser un éxito. Producida desde 2019 por Columbia Pictures y Sony Pictures Animation, está dirigida por Tyree Dillihay (recurrente en la excelente serie “Bob’s Burgers”), con la voz protagónica de Caleb McLaughlin como el soñador aspirante a deportista Will Harris. Se unen voces de actores conocidos como Gabrielle Union, David Harbour, Nick Kroll, Nicola Coughlan, Jenifer Lewis y el ícono del básquetbol Stephen Curry.

La historia nos lleva a Vineland, una ciudad de animales antropomórficos (al estilo “Zootopia”) donde el joven chivo, Will, sueña con jugar roarball al nivel de su ídolo, la pantera Jett Fillmore. Diez años después, Will vive con un poco menos de optimismo, haciendo entregas a domicilio, mientras el equipo local, los Vineland Thorns, sufre una derrota tras otra en la liga, hasta que una oportunidad fortuita lo une al team. Esta historia clásica del “underdog deportivo” es matizada por elementos interesantes como el hecho que el equipo sea de género mixto, dando una dimensión especial a las tradicionales tensiones de ego y el miedo al declive de Jett, y la dueña de los Thorns, una persona manipuladora y ambiciosa. Sabemos la historia y conocemos a esta gente, pero también lo sabe el director, quien en vez de buscar la manera de ser original en el argumento prefiere dedicarse a desarrollar el “cómo” y el “quiénes”. Y yo digo que resulta.

Cuando se espera una historia de comedia deportiva entrete y superficial, GOAT supera las expectativas, siendo una verdadera pieza de arte visual con muchos detalles bellamente elaborados que aparecen a cada segundo. Hay humor que da risa de verdad, partidos imposibles que recuerdan gratamente a “Los Supercampeones” y una lección muy clara sobre pasar la pelota cuando se debe. Porque para ser el más grande de todos los tiempos, se necesita un equipo coordinado y unido. Parece pueril, pero en el individualismo que vivimos hoy en día la apuesta de esta entretenida cinta familiar es refrescante. Disfrútela en pantalla grande. Disponible en salas.









