Rodrigo Díaz M.
Un juez boliviano emitió esta semana una orden de arresto contra el ex presidente Evo Morales después de que no compareciera ante el tribunal por un caso en el que se le acusa de haber abusado sexualmente de una menor.
Morales, de 65 años, habría tenido un hijo con una adolescente en el 2016, una relación sexual que habría constituido estupro según la ley boliviana.
Morales ha negado las acusaciones. Afirmó que era una “víctima” de la guerra legal llevada a cabo por su aliado y ahora rival político, el presidente Luis Arce, y se negó a comparecer ante el tribunal. En diciembre, la fiscalía boliviana también ordenó la detención de Morales, pero la orden del viernes añadió más peso a las crecientes peticiones de arresto del ex presidente.
El líder populista se ha atrincherado en su feudo de Chapare, en el centro de Bolivia, y vive en la sede de los sindicatos cocaleros protegido por hasta tres cordones de seguridad para evitar su detención.
La fiscal que lleva el caso, Sandra Gutiérrez, dijo que ahora investigarían si el presidente había cometido un delito al no comparecer ante el tribunal.
El caso surgió el año pasado en el corazón de una feroz pugna política entre Morales y el líder del país, Arce, por el control del partido gobernante de Bolivia antes de las elecciones presidenciales de agosto.
La defensa de Morales argumentó que el ex mandatario estaba enfermo de bronconeumonía para justificar su inasistencia, y alegó además que sufría del corazón. Sin embargo, el juez desestimó esas alegaciones, diciendo que las dolencias eran tratables.
Morales, que goza de un fuerte apoyo de muchas poblaciones indígenas y rurales de Bolivia, continuó recibiendo el respaldo de líderes como Isidro Vaca, quien dijo que el ex presidente se escondía porque cree que no recibiría justicia bajo el actual gobierno.