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Editorial: El aborto en América Latina

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En América Latina la situación sobre el aborto es bastante compleja y diversa. Solo hay tres países en los que es completamente legal: Guyana y Cuba, donde es ampliamente accesible, y Uruguay, donde se puede realizar una interrupción del embarazo en las 12 primeras semanas de gestación y durante 14 en casos de violación.

Periodista y escritor

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El debate sobre el aborto se ha puesto en la agenda mediática, pública y política de América Latina.  El tema entró en boga a raíz de la polémica situación surgida en Argentina, donde el  Senado de ese país rechazó legalizar el aborto por 38 votos contra 31, una medida que ha provocado un gran debate en el panorama nacional e internacional entre los que apoyan y rechazan la interrupción de un embarazo. 

En América Latina la situación sobre el aborto es bastante compleja y diversa. Solo hay tres países en los que es completamente legal: Guyana y Cuba, donde es ampliamente accesible, y Uruguay, donde se puede realizar una interrupción del embarazo en las 12 primeras semanas de gestación y durante 14 en casos de violación.

Además, Chile ha puesto en marcha la despenalización del aborto en lo que denominan las tres causales: en caso de peligro para la vida de la mujer, cuando el embrión o feto padezca una alteración estructural de carácter letal, o cuando el embarazo es producto de una violación. En México, debido a su carácter federal, los estados son independientes en la implantación de ciertas leyes. Pero, en el caso de la Ciudad de México, el aborto es legal mientras que en los 31 estados restantes, solo se permite en caso de violación.

Ahora, veamos cómo está el panorama en el resto de los países latinoamericanos. En Centro América, El Salvador, Honduras y Nicaragua, penalizan absolutamente el aborto; en tanto, Costa Rica, Guatemala y Panamá lo han legalizado en caso de correr peligro la vida de la madre. En Argentina (que acaba de rechazar la despenalización), al igual que en Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay y Brasil, solo permite interrumpir un embarazo en caso de violación o cuando haya peligro para la vida de la madre y, en casos excepcionales, cuando hayan malformaciones cerebrales del feto.

Una primera conclusión es que la mayor parte de los países latinoamericanos prohíben la interrupción voluntaria del embarazo salvo en casos concretos. Se podría afirmar que en una era en la que muchos países de América Latina avanzan en políticas sociales ‘progresistas’, como el matrimonio gay en Chile, la adopción por familias homoparentales en Colombia y la  legalización del consumo de marihuana en Uruguay, abortar en América Latina todavía sigue siendo tabú.

Ahora bien, los activistas que promueven la interrupción del embarazo, exigen un aborto legal, seguro y gratuito y que las mujeres tengan el derecho a decidir la cantidad de hijos que desean tener. En cambio, los miembros de la Iglesia Católica conjuntamente con otros movimientos religiosos, defienden la vida humana como la creación de Dios y consideran que el aborto es un pecado y un delito. Pero, al margen de la fe, la religión y las creencias que cada quien pueda tener sobre el aborto, la Ciencia establece claramente que ‘la vida comienza en la concepción’. Y, esa definición, es inobjetable.

No es posible contestar rotundamente a esta cuestión aún, pero hacia este objetivo deben encaminarse los esfuerzos de todos los que aspiran a un mundo justo. Alexander Terrazas

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