Domingo XXVII del Tiempo Ordinario Ciclo C "Auméntanos la fe"

Hugo Cisneros

La fe y Dios son inseparables. Aquello a lo que aplica su corazón y de lo que se fía, es propiamente nuestro Dios

 

Por eso lo opuesto a la fe no es el ateísmo sino la idolatría. Porque todo el mundo tiene sus dioses, en los cuales apoya su vida. Dioses del negocio, del poder, del placer, del deporte, o también dioses en el campo religioso, pero que están bastante lejos del Dios que revela Jesús

Muchas de las veces cuando a nuestro alrededor hay violencia, opresión, dolor, discordia es cuando el hombre reacciona y siempre se pregunta ¿Hasta cuándo? ¿Por qué? Estas preguntas acechan al hombre en momentos de peligro o de desgracia, tanto personal como colectiva. Sobre todo, cuando el peligro se abalanza sobre personas inocentes. Más todavía, si esas personas inocentes no son conocidas o queridas. ¿Por qué ese accidente de tráfico en que, sin propia culpa, murieron dos amigos? ¿Por qué ese horrible cáncer, que va consumiendo inexorablemente la vitalidad del esposo o de la esposa? ¿Qué he hecho para que esa hija mía viva sumergida en el abismo de la droga? ¿Hasta cuándo tendré que soportar todos los sufrimientos físicos y morales que me produce este hijo minusválido? ¿Hasta dónde he de ser paciente ante el mal carácter y los malos tratos de mi esposo? ¿Por qué tengo esos dolores que me resultan inaguantables? Interrogantes que, para muchos, quedan en suspenso. Y entonces se toman decisiones equivocadas y tristes. "Es mejor morir a estar sufriendo tanto", y de ahí deriva el suicido o la eutanasia, que es eufemismo de: "Prefiero el divorcio a seguir siendo tratada injustamente", y se divorcia, en lugar de buscar soluciones alternativas mejores, aunque más exigentes, y principalmente más cristianas. "No vale la pena seguir creyendo. ¿Para qué?", y se rebela contra Dios, y abandona su fe y su práctica cristiana, porque Dios no se acomoda a nuestros gustos ni se deja manipular por nuestra voluntad.

Pero también hay muchos, cristianos y no cristianos, que escuchan en su conciencia una respuesta. La respuesta del humanismo, que ve en la aceptación resignada del sufrimiento y de la desgracia un camino áspero, a veces heroico, siempre noble, de humanización y elevación moral.

Está también la respuesta cristiana, que eleva el dolor, la prueba, la angustia a un rango superior de redención, porque todo eso constituye la propia cruz, que se funde misteriosamente con la cruz salvadora de Jesucristo. ¿Cuál es su respuesta personal e intransferible a tales interrogantes, que tarde o temprano todos nos planteamos?, comencemos a desempolvar la Biblia y también el Catecismo de la Iglesia Católica, para ir creciendo paulatinamente en el conocimiento de las leyes de Dios para alcanzar una vida eterna con Dios.