Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor

Velen pues y estn preparados porque no saben qu da va a venir su Seor

Hoy, en este domingo, comenzando el tiempo de Adviento, inauguramos a la vez un nuevo año litúrgico. Esta circunstancia la podemos tomar como una invitación a renovarnos en algún aspecto de nuestra vida, tanto como en lo espiritual, familiar, etc.

Por Hugo Cisneros

De hecho, necesitamos vivir la vida, día a día, mes a mes, con un ritmo y una ilusión renovados. Así alejamos el peligro de la rutina y del tedio. Este sentido de renovación permanente es la mejor manera de estar alerta. Sí, ¡hay que estar alerta!: es uno de los mensajes que el Señor nos transmite a través de las palabras del Evangelio de hoy.

Hay que estar alerta, en primer lugar, porque el sentido de la vida terrenal es el de una preparación para la vida eterna. Este tiempo de preparación es un don y una gracia de Dios: Él no quiere imponernos su amor ni el cielo; nos quiere libres, que las decisiones las tomemos nosotros mismo (que es el único modo de amar). Preparación que no sabemos cuándo acabará: “Anunciamos el advenimiento de Cristo, y no solamente uno, sino también otro, el segundo (...), porque este mundo de ahora terminará” entonces hay que esforzarse por mantener la actitud de renovación y de ilusión diariamente.

En segundo lugar, conviene estar alerta porque la rutina y el acomodamiento son incompatibles con el amor. En el Evangelio de hoy el Señor recuerda cómo en tiempos de Noé “comían, bebían” y “no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos” (Mt 24,38-39). Estaban “entretenidos” y —ya hemos dicho— que nuestro paso por la tierra ha de ser un tiempo de “noviazgo” para la maduración de nuestra libertad: el don que nos ha sido otorgado no para librarnos de los demás, sino para darnos a los demás.
“Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre” (Mateo 24,37). La venida de Dios es el gran acontecimiento. Dispongámonos a acogerlo con devoción: “¡Ven Señor Jesús”.