Las patas y colas de nuestro amigo Facebook

Columna de Opinion de Gilberto Rogel

Si usted aún no lo sabe, cada vez que usted se “mete” a Facebook está dejando en el ciberespacio valiosas piezas o rasos de su personalidad, y esto se puede vender a un precio muy alto.

Por Gilberto Rogel

TORONTO. La mayoría de padres nos enojamos con frecuencia sobre la cantidad de tiempo que nuestros hijos adolescentes “desperdician” al teléfono o en el internet; sin embargo, ponga atención a lo siguiente, la tecnología no perdona edades y usted amigo lector quizás está en peligro igual o más que sus hijos.

Con seguridad usted ya habrá leído o escuchado las noticias sobre una empresa de origen británico que haciendo uso de sofisticados programas de computadoras logró recolectar valiosa información confidencial de más de 50 millones de personas, vía un mecanismo bastante conocido, nuestro bien ponderado amigo FACEBOOK.

Por si usted todavía no lo sabe, cada vez que usted se “mete” a su cuenta de Facebook y comienza a mirar las fotografías de hace 20 años que más de uno de sus antiguos compañeros de escuela acaba de subir; o cuando usted sigue una conversación sobre cualquiera de los temas de actualidad en su país de origen; o cuando pasa horas mirando y riéndose sobre esos millones de vídeos chistosos, usted está dejando en el ciberespacio valiosas piezas o rasos de su personalidad, sus hábitos, sus gustos, sus disgustos, sus preferencias, sus anhelos y sus deseos, entre otros; y estos tienen un precio muy alto y hay muchos compradores al acecho.

Este aspecto no es nada nuevo o ilegal, desde los últimos años de popularización de las nuevas tecnologías  - como las cuentas GRATIS de email, Facebook, Twitter y otras muchas más- se ha sabido que cuando usted le da click al botón “AGREE” usted está aceptando cientos de “Terms and Conditions” los cuales quizás nunca llegará a entender; por ejemplo que sus datos personales  como nombre, edad, origen, sexo, residencia,  pueden ser utilizados por terceras compañías para otros fines, sin pedir autorización para ello, usted con anticipación ya se los otorgó.

Así fue como esta empresa de nombre CAMBRIDGE ANALYTICA, cuyos mayores accionistas son millonarios conservadores estadounidenses, consiguió de manera oscura una data quizás nunca vista y la usó especialmente para fines políticos-electorales. Léase bien, los especialistas de la empresa diseñaron con mucha precisión perfiles psicológicos de los futuros votantes con la intención de cambiar sus precepciones sobre temas cruciales o, en otros, para reforzar otros. En otras palabras, para apoyar al establecimiento político tradicional.

Según las últimas informaciones, se cree que el trabajo de la compañía tuvo gran influencia en la decisión de los británicos para salirse de la Unión Europea, pero lo más miedoso sería que la empresa y su trabajo subterráneo ayudó a ganar la elección presidencial a Donald Trump. Para ello habrían utilizado técnicas propagandísticas encaminadas a tergiversar, manipular, inventar o insertar FAKE News en el portal de Facebook y que al final terminaron por afectar la campaña de Hillary Clinton.

Como puede notar, este asunto de nuestro bien conocido y ponderado amigo Facebook tiene más “patas y colas” que el Toronto Zoo. Así bien que cuando usted más tarde encienda su computadora y le de click al ícono de Facebook, tome en consideración que millones de personas alrededor del mundo están borrando sus cuentas o reflexionando sobre un uso adecuado de este instrumento tecnológico, el cual sin lugar a duda debe tener mayor control interno, porque de lo contrario los efectos podrían ser muy negativos.

*Gilberto Rogel es un periodista de origen salvadoreño radicado en Toronto.

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