Tras la vorágine del 23 de abril: Orfandad Social Comunitaria

Paz en Toronto

Las víctimas son más que los muertos y heridos.  Podría haber sido cualquiera, un minuto antes, un día después. Inesperado, cruel, irracional.

Por Rodrigo Briones

TORONTO. Paramédicos y peatones tratando de salvar vidas, policías que bien parecían armados militarmente para una guerra nuclear, un zapato, una mochila que ya nunca se calzará. Estas imágenes quebraron un ansiado y pacifico día soleado de Toronto con la brutalidad de un vehículo tipo van lanzado sobre peatones en calle Yonge entre Finch y Sheppard, aniquilando nuestra inocencia frente a este tipo de sucesos.

En el ámbito de trabajo que el Consejo de Desarrollo Hispano y Family Service Toronto han creado para el bienestar de la comunidad de adultos mayores reflexionando sobre nuestro trabajo cotidiano, no pudimos avanzar, estábamos consternados con nuestra humanidad anquilosada.

En el marco de esta realidad en que podemos apreciar un sentimiento de vulnerabilidad en nuestra sociedad y por el otro lado vemos la precariedad de nuestras organizaciones.

En un contexto en que el costo de vida se siente en cada visita al supermercado. En un ambiente en que un discurso con aspiración a dominante pone a los refugiados, a los otros, coloca a los distintos en el lugar de la amenaza que quitará el trabajo de todos los días.

En un momento en que el proceso eleccionario podría desembocar en una situación aun más precaria y, por tanto, visto desde las organizaciones sociales y desde la constitución individual como un peligro amenazante.

En este punto se desboca irracionalmente un sujeto pidiendo a golpes de muerte que le den la atención que él necesita, que él se merece. Y lo hace de la más reprochable manera.

Las víctimas son más que los muertos y heridos.  Son más si contabilizamos a los que esquivaron el paso veloz del vehículo, los que quedaron petrificados desde la acera opuesta, los que miraron por las ventanas como si fuera una película de Tarantino, pero que no lo era. Podría haber sido cada uno de ellos, un minuto antes, un día después. Inesperado, cruel, irracional.

Y qué de nosotros los que ocasionalmente pasamos por esa esquina, y qué de quienes viven en la ciudad vecina. Qué de nosotros los que quedamos.

La hermana de una maestra fue una de las víctimas. Los alumnos de esa escuela fueron a demostrar su sentimiento en la esquina de la tragedia. Qué de ellos. Y las historias se repiten y se multiplican. Y los lazos y las uniones avanzan, porque los que fueron compañeros de escuela de la hermana de la maestra, hablan con sus padres y ellos, luego, lo hacen con los amigos. Y así siguiendo.

Viene a mi memoria cuando Ernest Hemingway cita al poeta inglés John Donne en el inicio de la novela ‘Por quién doblan las campanas’: “Nadie es una isla por completo en sí mismo; / cada hombre es un pedazo de un continente, / una parte de la Tierra.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, / como si fuera un promontorio, / o la casa de uno de tus amigos, / o la tuya propia; / por eso la muerte de cualquier hombre me disminuye, / porque estoy ligado a la humanidad; / y, por tanto, nunca preguntes por quién doblan las campanas, / porque están doblando por ti”.

Antes de caer la noche de ese lunes fatídico, empezaron a erguirse lugares de conmemoración, espacios en la plena calle donde expresar de alguna forma el pesar que nos dejó lo inesperado, lo inexplicable. Una vela, una frase, un corazón delineado con lápiz de cera rojo.

Es que estamos en búsqueda de un espacio donde conversar, razonar, reflexionar, como personas que estamos preocupadas de la salud de nuestra sociedad. ¿Qué significa esto que hemos vivido? ¿Cómo será el futuro en una ciudad que nunca creímos estaría sacudida por este tipo de sucesos? ¿Es posible prevenirlos? ¿Cuál es nuestro lugar, nuestra responsabilidad? Y como siempre el infinito: ¡qué hacer!

El Consejo de Desarrollo Hispano continúa abierto para proveer consejería de apoyo a las personas que pudieron estar involucrados personalmente o ser testigos presenciales o tener un familiar o un conocido directo que está afectado en este hecho horroroso (llame al 416.516.0851). Desde Family Service Toronto hemos creado un grupo de reflexión también (se puede llamar al 416.755.5565 Extensión 438).

Al final del día se trata de trenzar entre todos el hilo con el que construimos la red de contención social necesaria. Estaremos siempre dispuestos al abrazo que nos de calor, nos da protección, que nos hace así sentir acompañados. En esta sociedad que ha hecho del individualismo su paradigma y que es probable que estemos sufriendo algunos efectos no deseados. El dar y recibir apoyo pleno de afecto es humanidad vivificante.

Estoy seguro de que aprenderemos, el cambio es constante. Si en la madrugada del 27 de Julio de 2013 Toronto quedaba atónita mirando las imágenes, tomadas con un celular de un joven parapetado dentro de un tranvía; ahora otro celular nos muestra la entereza y la determinación que no cedió a la provocación y que honra el lema “to serve and protect”.

No estamos solos, no estamos huérfanos.

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